Teoría
del Valor
La teoría del valor surge como respuesta a la cuestión
fundamental de la naturaleza económica: dado que en una sociedad de mercado los
individuos son libres y autónomos, ¿cómo puede ser que sus acciones tengan un
mínimo de compatibilidad que haga posible la viabilidad de esa sociedad sin
engendrar el caos? Analizando esta cuestión, resulta lógica la resolución de la
ortodoxia de adoptar un análisis real, que excluye del análisis toda
institución - llámese dinero, estado, etc. - para otorgar al individuo la
mencionada autonomía que requiere. Además, la teoría del valor está compuesta
por principios que describen las relaciones que se presentan en un sistema
económico y que se manifiestan exclusivamente en magnitudes, es decir, que se
pueden expresar de manera cuantitativa. Así, con la condición de la existencia
de un conjunto de individuos en relación con una lista de bienes dados a
priori, la teoría del valor busca asociar valores o precios a estos bienes
conocidos.
Las
respuestas a la cuestión económica fundamental por medio de la teoría del
valor, desde los tiempos de Smith, han ido orientadas a la determinación del
equilibrio y sus condiciones que, ipso facto, daría solución al interrogante.
Pero la teoría ortodoxa no ha dado una respuesta completamente satisfactoria en
términos de teoría del valor y de los precios, ya sea vista desde el análisis
clásico, marxista o neoclásico. A continuación analizaremos el desarrollo de la
teoría del valor - análisis real - desde Adam Smith hasta David Ricardo,
tratando de dilucidar los obstáculos principales que enfrenta la teoría del
valor ortodoxa.
Valor
de Uso
El valor de uso es la
aptitud que posee un objeto para satisfacer una necesidad. Está determinado por
sus condiciones naturales. En un sistema de producción capitalista o de
producción de mercancías, debe diferenciarse del valor de cambio, ya que siendo
este último una magnitud determinada por la cantidad de trabajo socialmente
necesario para producir la mercancía, el valor de uso es determinado por las
características propias del objeto y por el uso específico y concreto que se da
al mismo según esas características.
Es
imposible comparar valores de uso entre sí de manera cuantitativa (por ejemplo
según su importancia relativa) sin establecer un patrón de medida arbitrario y
abstracto para calificar usos que son diversos y por tanto incomparables.
Valor
de Cambio
Un valor de cambio es cómo en el mercado, se considera
una mercancía a un bien económico que, además de poseer valor de uso, posee valor
de cambio porque su ideal es ser intercambiado por valores de uso diferentes.
Por extensión, también se usa valor de cambio como sinónimo de precio de
mercancía. También se le llama así cuando no conduce a confusión, simplemente a
un valor.
El
valor de cambio es central en la teoría del valor-trabajo, actualmente
sostenida casi exclusivamente por el marxismo y algunas tendencias socialistas,
y antaño por las corrientes de la economía política inglesa y los socialistas
neoricardianos. En cambio, la teoría del valor subjetivo, sostenida actualmente
por la casi totalidad de las escuelas y tendencias liberales, no considera
relevante el concepto y lo ha dejado mayormente de lado, fundamentalmente
debido a que no existe en dicha teoría una diferencia importante entre valor de
uso (utilidad) y valor de cambio (costo).
Trabajo
Abstracto
El trabajo abstracto
en cambio es que todos trabajan en conjunto, “trabajo en general”. Marx
desarrolló la teoría del valor-trabajo a partir de Smith y Ricardo. En ella el
valor de una mercancía se expresa por el tiempo de trabajo socialmente
necesario para producirla. El trabajo abstracto permite la división del
trabajo, algo ajeno en la sociedad pre-capitalista. En el capitalismo es
posible almacenar fuerza de trabajo, y con ello tiempo de trabajo de la
producción de determinadas mercancías producidas por otros, y producir una
riqueza desconocida hasta entonces que aparece como una “monstruosa colección
de mercancías”
El Fetichismo de la
mercancía
El
fetichismo de la mercancía es un concepto creado por Karl Marx en su obra El
Capital que lo denomina como algo mental donde, en una sociedad productora de
mercancías, éstas aparentan tener una voluntad independiente de sus jefes, es
decir, fantasmagórica. Es la ocultación de la explotación de que son objeto los
obreros, al presentarse las mercancías ante los consumidores sin que ellos la
vean.
El
resultado del fetichismo es la apariencia de una relación directa entre las
cosas y no entre las personas, lo cual significa que las cosas (en este caso,
las mercancías) asumirían el papel subjetivo que corresponde a las personas (en
este caso, los productores de mercancías).
En
una sociedad productora de mercancías y servicios, el intercambio de las mismas
es la única manera en que los diferentes productores aislados se relacionan
entre sí. De esta manera, el valor de las mercancías es determinado de manera
independiente de los productores individuales, y cada productor debe producir
su mercancía en términos de la satisfacción de necesidades ajenas. De esto
resulta que la mercancía misma (o el mercado) parece determinar la voluntad del
productor y no al revés. Marx afirma que el fetichismo de la mercancía es algo
intrínseco a las sociedades productoras de mercancías, ya que en ellas el
proceso de producción se autonomiza de la voluntad del ser humano.
Marx
también argumenta que la economía política clásica no puede salir del
fetichismo de la mercancía, pues considera a la producción de mercancías como
un hecho natural y no como un modo de producción histórico y, por lo tanto,
transitorio. De este fetichismo que se da prácticamente en la producción y el
intercambio de mercancías viene la sobreestimación teórica del proceso de
intercambio sobre el proceso de producción. De ahí el culto al mercado de parte
de algunos economistas, que consideran a la oferta y la demanda como
determinaciones fundamentales del movimiento de la economía (ley de la oferta y
la demanda).